La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¡Cómo! ¿nunca habéis visto cómo el tipo de un animal, de varios animales incluso, predominaba en una fisionomía? ¡Y bien! observad con atención los movimientos familiares, los instintos, las tendencias del individuo en el cual predomina el tipo del oso, por ejemplo, o del tigre, y experimentaréis la oscura visión, en él, de no se sabe qué ser salvaje extraviado en una apariencia ajena. ¿Creéis que hay muchos hombres y mujeres que sean conformes a su noción en la humanidad terrestre? ¡El hombre sólo es un animal divino, diferenciado de los demás por el ideal! Y aquél en que la preocupación por las cosas eternas no se encuentra en constante vigilia en el fondo de su conciencia, ése tiene aún algo de animal y no ha salido en absoluto de las tinieblas: ese no es el hombre, en realidad, y la expresión de su fisionomía le traiciona en todo momento, a pesar de su aparente forma. De igual modo fue la mujer, que es conforme a su noción, es la que reflejando las sublimes esperanzas, como un cristal límpido y profundo, hace remontar al amor y a la esperanza más allá de la muerte. ¿Pensáis que tales seres son numerosos en nuestra especie? ¡Vamos!, convenceros, las ciudades se parecen a las selvas, y no es difícil encontrar en ellas bestias feroces.
—Creeríais entonces que la mayoría de los seres vivos —interrumpí…