La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Están presos aún de los vÃnculos inferiores del instinto, son invisibles bestias, transfiguradas por su disfraz, si queréis —dijo el doctor, con una risa que me mostró dos filas de dientes que no desmerecÃan de los maxilares de un caribeano—, ¡pero son AUTÉNTICAS BESTIAS! —Y añadió—: los rasgos de su rostro (en cuya expresión se transparenta la luminosa esencia de su auténtico orgaÂnismo) lo demuestran de sobra. ¡De ahà procede su innato odio por el pensamiento!, ¡su sed inexÂtinguible, orgánica, enraizada, de rebajar, de aniÂquilar, de profanar cualquier noble y pura tendencia! ¡Esa es la causa de su grotesco despreció por todo arte sublime, por toda caridad desinteÂresada, por todo lo que no es bajo e impuro, ¡como sus preocupaciones, sus actos y sus obras! ¡De ahà surge su forma de demostrar la justicia de sus opiniones con golpes y sangre!, ¡su imposibilidad de comprender al auténtico hombre, oriÂginario de lo excelso! SÃ, os digo y creedme, el cuerpo aparente no es el real; cambia de átomos cada instante, se renueva por completo cada seis o siete meses; hablando con propiedad, NO EXISTE. Sólo es devenir dentro del devenir. Es su forma, su idea, su impalpable unidad la que existe y a la cual se superpone su apariencia. Y una de las pruebas fÃsicas de esto, ¡es que las fisionomÃas se bestializan o se iluminan con la proximidad de la muerte, de una manera asombrosa, para quien sepa verlo!