La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¡Pero, amigo mÃo, es del alma, sin más, de lo que queréis hablar! —interrump×; ¡y entonces, habrÃa que hablar del homo triplex!
Lenoir respondió sólo con un encogimiento de hombros.
—¡Y yo, yo mismo —exclamó de repente—, miÂrad!, ¡lo hubierais creÃdo nunca! ¡Siento dentro de mà instintos devoradores! Experimento accesos de tinieblas… furiosas pasiones, …¡odios de salÂvaje, fieras ansias de sangre insaciadas, como si me asediara un canÃbal!… SÃ, es una locura, pero es asÃ; y conozco a un buen número de médicos alienistas que podrÃan confesar otro tanto sobre sà mismos, si sus garbanzos diarios no les impuÂsieran la tranquilidad, el disimulo y el silencio. Y, cuando abandono el reino del espÃritu, distingo muy bien en mà esa naturaleza infernal!… ¡Es la verdad! Y todas las especulaciones metafÃsicas me parecen entonces como una sarta de brillanÂtes pamplinas, incapaces no sólo de rescatarme de esta horrible forma intelectual, casi diabólica, sino también de darme sólo un instante de esperanza estable. ¡Esa es la razón por la que dudo de ese cajón de sastre que llaman muerte! ¡Esa es la razón por la que no me encuentro tranquilo, ya os digo!… ¡Me conozco demasiado para estarlo alguna vez!