La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Sonó la una. Me levanté; me habÃa repuesto un poco de mi ataque nervioso; esta vez Lenoir haÂbÃa sido demasiado excesivo, habÃa sobrepasado su objetivo, a fuerza de exagerarlo. Decididamente encontraba cada vez más ineptas sus superficiales humoradas.
—Volveremos sobre esta charla— dije yo, sonÂriendo.
—Sà —dijo, preocupado y siempre un poco sombrÃo.
Y sacando de su bolsillo una pequeña edición manejable de la Biblia, terminó su perorata exÂclamando:
—¡Nos ocuparemos también de este libro! (Y golpeaba la tapa como si fuera una tabaquera.)
Lo abrió maquinalmente, al azar, y dio con el capÃtulo de las leyes de Moisés consagrado al adulÂterio y a sus castigos.
Una vez que leyó el pasaje, se sonó la nariz con un ruido tal que me sentà alarmado. Se produjo un silencio durante el cual me examinó como para juzgar el efecto producido en mi ser con ese estilo.