La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Pensé en la carta; me sobresalté, sin creer a mis oídos, quise en vano unir dos ideas; un relámpago de una naturaleza tal que no está al alcance de la lógica humana explicarlo, cegó todo mi entendimiento, sentí como un grito de horror se ahogaba de un modo horrible en mi garganta.
—Sí —continuó la moribunda con una solemnidad de ultratumba—; se parecía a uno de los monstruos familiares de las playas desiertas y de las olas malditas. Su cuerpo velludo y salvaje se erguía como humo, más negro que el ébano. Plumas de pájaros del mar le servían de cinturón y de vestidos. A su alrededor se extendían los espacios poblados por los terrores y el infinito de los sueños. Serpientes de fuego tatuaban la aparición: los cabellos largos y grises, erizados, caían sobre los hombros. ¡Oh! ¡Por cuál cadena de pensamientos, de antiguas impresiones, podía haber llegado yo a figurármelo, a pensarlo con esa apariencia, tan informe, tan diferente! Estaba de pie, solo, entre acantilados perdidos, mirando a lo lejos, sobre el mar, como esperando a alguien; por su aire impenetrable, sentía, más bien que reconocía, que era el difunto. Afilaba furtivamente un gran cuchillo de piedra… sus nocturnos ojos hacían temblar mi alma con una angustia de sangre, infierno y agonía; me levanté con un sobresalto, dando un gran grito, helada y empapada de sudor… Nunca conseguí olvidar aquel sueño.