La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Se calló.
¿Puedo decir, hay palabras para expresar los espantosos pensamientos, después de todo, hijos de fúnebres posibilidades, que me paralizaban desde los pies a la cabeza, mientras se pronunciaban esas frases infernales? Estaba aterrado. Los sentimientos que se agitaban en mi ser eran innombrables.
Sin embargo, aunque el sonido de mi propia voz me hizo temblar profundamente, articulé sin darme perfecta cuenta de mis palabras:
—¡Nadie!, ¡nadie, felizmente, ¿me oís?, podría determinar el punto preciso en que empieza la realidad objetiva de las visiones!
Y añadí con una risa forzada que me ponía los pelos de punta:
¡Los hospitales de alienados no han pensado en ello! ¡Recordad la discusión que tuvimos cuando vivía el discutidor de Lenoir!