La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Como los gestores de la prensa radical banÂderilleaban sin descanso al toro popular, a la larga un concierto de explosivos —nuevos y terriÂbles explosivos—, podÃa perturbar de un momento a otro la paz pública. SÃ. Recientes procesos —donÂde los acusados, envalentonados por un auditorio amenazador, habÃan hablado de hacer volar todo por los aires, atreviéndose incluso, en plena AuÂdiencia, a pretender que el honorable presidente y sus asesores temblaban SOBRE SUS TIBIAS— deÂmostraban la irritación de los necesitados. Ya mismo, en ciertos clubs de los suburbios, sólo se pensaba en dinamitar, incluso en panclastitar, o en melinitar, como por descuido —«por ver lo que pasarÃa»— el Cuerpo legislativo, el Senado, la Jefatura de policÃa, el ElÃseo, etc., etc. Sólo se hablaba de minar las sinagogas, ya que parecÃa que los israelitas eran los que estaban más a gusto —por consiguiente los más culpables—. ¡La idea, emitida en un principio como por juego, pasaba insensiblemente —no habÃa más remedio que reconocerlo— al estado de proyecto!… Se habÃan elaborado listas de masacres parciales; los hijos de anarquistas las recitaban ya como si fueÂran oraciones vespertinas… En resumen, tras algunas grandes heladas, a finales del corriente mes quizás, una sedición —muy diferente en su importancia a la de 1871 (ya que el enemigo no rodeaba la capital)— podÃa…