La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Por lo tanto, señores, nosotros, representantes de un pueblo de élite, nosotros que —como nuestro grado indica— estamos profundamente dispuestos a saludar, siempre y por encima de todo, cualquier novedad, que sabemos lo que se llama curarse en salud, ¡alejemos de nuestros banquetes las vanas alarmas!… Elevemos nuestros pensamientos, nuestros corazones y, sobre todo, nuestros vasos, en honor de aquellos cuya cuidadosa vigilancia nos puso, desde hace tiempo, al abrigo de cualesquiera exageradas reivindicaciones… de ese mismo proletariado sobre cuyos lamentos no podemos hacer otra cosa, ¡ay!, que gemir. ¡Vamos!, un dedo de champaña, y bebamos, con toda nuestra gratitud, por la prosperidad sin tacha de aquellos cuya perspicaz iniciativa garantizó —sin alborotos e incluso sin saberlo los fascinados perturbadores— la seguridad de nuestros ocios.
En este punto, unánimes adhesiones aclamaron al orador; las copas se entrechocaron a cual mejor en las tranquilizadas manos.
Y el banquete anual de los Eventualistas se prolongó —tratando las conversaciones el probable porvenir de la humanidad— hasta esa hora del alba, tan dulce siempre para esos elegidos de la vida que se sienten con el cuerpo ligero, el espíritu ecléctico, el corazón por siempre libre, eventuales las convicciones y ociosa la conciencia.