La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Sin mi mentón, que me traiciona, yo sería un hombre de acción; pero un Saturno senil, escéptico y lunático lo ha desmochado como con un golpe de hoz. El color y la calidad de mi pelo son duros como los de mis pares en contemporaneidad simbólica. Mi oreja, finamente orlada y larga como la de los chinos, da testimonio de mi espíritu minucioso.
Mi mano es estéril; la Luna y Mercurio se disputan sus profundidades; mi gran dedo medio, nudoso, espatulado, lleno de rayas en su segunda falange; en su negligencia, les deja hacer. El horizonte de mi mano es brumoso y triste; raras veces han turbado su cielo las nubes, formadas por Venus y Apolo; la voluntad de mi pulgar descansa sobre un monte escarpado: ahí es donde Venus descubre sus veleidades. Sólo la palma es positiva como la de un obrero: los dedos pueden plegarse hacia arriba, como los de las mujeres, con una cierta coquetería que pregona a varios niveles su perfecta educación. Por otra parte, soy el hijo único del doctorcito AMOUR BONHOMET, tan conocido por sus oscuras aventuras en las minas.