La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Mis ideas religiosas se limitan a esa absurda convicción de que Dios ha creado al hombre y recíprocamente.
Procedemos de no se sabe qué: la razón es ambigua. Para ser franco, añadiré que la muerte me asombra aún más que su triste hermana; ¡en verdad, es negra como boca de lobo!… En ella, necesariamente, todo debe resultar con arreglo a una modalidad de lógica inversa a aquella con la que nos quedamos satisfechos, a regañadientes, en el decursus vitae y que, evidentemente, sólo es provisional y parcial.
En cuanto a los fantasmas, soy poco supersticioso; no doy crédito a las insignificantes pamplinas de los intersignos, a la manera de tanto atolondrado, y no creo en las frívolas monerías de los muertos; no obstante, entre nosotros, ¡no me gustan los cementerios ni los lugares demasiado sombríos, ni las personas que exageran!… Sólo soy un pobre viejo, pero si Plutón me hubiera hecho nacer en los peldaños de un trono, bastaría sólo una palabra mía para que se operara la perfecta matanza de todos los fanáticos, pronunciaría esa palabra, me imagino, «pelando una fruta», como dice el poeta.