La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet «La ciudad, difuminada por la bruma y los suaves destellos de la noche, representaba para mi la tierra, con sus penas y sus tumbas, ¡situadas muy en segundo término, pero nunca olvidadas.»
THOMAS DE QUINCEY (Confesiones)
Hacia finales del mes de julio de 1866, con motivo de una cena de gala que nos había ofrecido el capitán del mercante inglés Wonderful, navegando por las costas de Bretaña, trabé conversación a la hora del café, con mi vecino de mesa, el teniente Henry Clifton; era un hombre de una treintena de años, con una figura sombreada por el halo de los hombres de mar. La expresión de sus rasgos regulares me era simpática y su habitual reserva hacíamelo sociable.
Como decía, esa noche trabamos conversación, pues el intercambio de frases, de oficial de marina a simple pasajero, había sido muy sucinto entre nosotros, desde el comienzo de la travesía. Veníamos de las costas de Irlanda y, sumergido en el estudio de mis queridos infusorios, me había quedado la mayor parte del tiempo, en el fondo de la bodega, experimentando con las viejas salmueras.