La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Realmente sir Henry Clifton se encontraba en un estado más oscuro que su uniforme de oficial; poseía un color complementario y advertí que se acercaba el capítulo de las expansiones sentimentales.
Yo guardaba mi sangre fría y acechaba a mi víctima. La noche estaba cubierta de estrellas. El viento noroeste refrescaba y nos mecía suavemente; la linterna roja del banco de guardia iluminaba la espuma y el vaho de plata de las olas contra la madera del navio. A veces los hurras del brindis de los oficiales nos llegaban a través del entrepuente, mezclados con los incesantes ruidos del oleaje.
Al verle silencioso, temí que me preguntara por mi género de vida y —quizás— ¡por mis trabajos!… Entablé entonces la conversación, siguiendo mis procedimientos irresistibles: