La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Me parece entonces que es deber de todo buen gobierno suscitar, lo más a menudo posible, guerras, epidemias, temores, esperanzas, acontecimientos de toda clase (afortunados o desgraciados, poco importa), cosas, en fin, que sean capaces de alimentar la charla banal, inocente y digestiva de todo ciudadano.
Tras veinte, treinta, cuarenta años de perpetuo ¡quién vive! los reyes han desviado la atención: han reinado tranquilamente, se han divertido mucho y todo el mundo está contento. Esta es, en mi opinión, una de las principales definiciones de la alta diplomacia: ¡ocupar el espíritu de los ciudadanos al precio que sea, a fin de evitar cualquier atención sobre sí misma, cuando se ha tenido el honor de recibir de las manos de Dios la misión de gobernar a los hombres! ¡Maquiavelo —mi amado maestro— (lloro al pronunciar su nombre), nunca ha hallado una fórmula tan clara como ésta! Así se concibe mi indiferencia por los acontecimientos, los imprevistos políticos y las complicaciones de los gabinetes de Europa; dejo el interés de las controversias que suscitan a espíritus cariados por un ansia congénita de perder el tiempo.
Así pues, alababa in petto a sir Henry Clifton por su reserva y por su manera silenciosa de beber.