La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Bellos ojos de mi niño, adorados arcanos
Mucho os parecéis a esas grutas mágicas
Donde, tras la multitud de sombras letárgicas,
Centellean vagamente tesoros ignorados.
Charles Baudelaire, Spleen et Ideal
Media hora más tarde, me encontraba ante una casa de campo aislada, el habitáculo del buen doctor Césaire, mi mejor amigo. Llamarle «doctor» son ganas de hablar: porque Lenoir era en el fondo una acémila, un ganso con apariencia de persona normal, ¡si es que hubo alguna vez alguno bajo el Sol! Toqué, pues, la campana: un anciano criado vino a abrirme, escoltado por un enorme perro pachón de rojo pelaje, que debía desempeñar en la casa desde las funciones de perro guardián a las de estrangulador de las señoras ratas.
El criado me introdujo en el comedor, me rogó que esperara y salió.