La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Era un salón corriente de planta baja. Por la ventana, abierta sobre el jardín, entraba un fresco olor a árboles. Retrato de la abuela sobre la pared; lámpara y su pantalla en la gran mesa cubierta por un tapete. En la chimenea, un profundo y límpido espejo, en su marco de encina labrada, reflejaba el viejo saxo del péndulo y los antiguos candelabros. Y esta sala estaba impregnada por una quietud provinciana, por una tranquilidad de aislamiento. Me había quedado de pie, con mi sombrero y mi bastón en una mano, con mi maleta en la otra. Saboreé el conjunto de este silencioso frescor, lleno de ecos.
Luego, dando media vuelta sobre mí mismo:
—¡Estas son personas felices! —pensé.
Este movimiento me había llevado ante el espejo; en él vi cómo se abría la puerta sin ruido, tras de mí, y daba paso a un ser cuyo aspecto me causó cierto sobrecogimiento.