La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Además, hizo referencia a no se sabe qué Canto de Peregrinos «¡cuya profunda lasitud tenía algo de eterno!» Ese canto la cautivaba hasta llegar a la divagación. De creerla, «primero, se sentía ahogada por el enlazamiento de risas afrodisíacas, exhaladas por burlonas sirenas, aparecidas bajo la luna, entre los rosales». Las circunstancias sucedían «junto a una montaña encantada». Esto significaba, sin más, que las zalameras instigaciones de nuestras pasiones a veces oscurecen en nosotros, peregrinos de la tierra, el recuerdo de nuestra patria celestial: pensamiento que es incapaz de tener cualquier chupatintas, hay que estar de acuerdo (¡por pueril que sea, por otra parte!) «Pero», añadía la señora Lenoir, «la fanfarria mística terminaba por estallar y dominar triunfalmente: una meditada y decisiva opción volvía a iniciar con la luz de la tarde el himno de gloria y martirio y precipitaba la huida de las sombras, como una auténtica misión de la esperanza!»
Con esta enunciación, sentí que me subía una risa loca a la garganta. Era evidente que la señora Lenoir, abusando de los privilegios de su frívolo sexo, quería divertirse a mis expensas. Juzgué que era oportuno prestarme a ello de buen grado y el elogio de este intrigante hizo el gasto de la charla durante los dos primeros servicios.