La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Luego ella se aventuró por la literatura: allí me encontraba yo más en mi terreno.
En las islas Chinchas (tan justamente estimadas por su afamado estiércol), durante una enfermedad que es inútil nombrar, había cogido algunos tomos para combatir el aburrimiento nocturno.
Eran dos o tres obras de un escritor prodigioso y que ya había ganado su peso en oro con sus libros: lo cual es para mí, como para las gentes que son incapaces de alimentarse de palabras, la mejor de las recomendaciones.
Con seguridad es la pluma más fecunda de nuestro bello país, y, en las cinco partes del mundo, las personas notables de ambos sexos se disputan sus productos, cualesquiera que éstos sean.
He olvidado su nombre: pero el género de su talento (que en vano se esfuerzan por alcanzar sus colegas), consiste en velar hábilmente las situaciones más escabrosas… En golpear la imaginación del lector con un encadenamiento de emocionantes peripecias —¡y lógicas!— en que los personajes de relieve (aunque pertenecen a los bajos fondos de la sociedad), instruyen el corazón, nutren el espíritu y calman las conciencias más inútilmente escrupulosas.