La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Lenoir interrumpió durante un instante sus laÂbores, levantó la cabeza y con una extraña serieÂdad, me miró; luego, sin decir una palabra, volvió a lanzarse sobre la cena.
—En fin, querida señora Lenoir —continué—, para concluir, siempre me han gustado los buenos autores, tan cierto como que la chichonera de los niños de ahora no es otra cosa que la atrofiada tiara de Melquisedec, ¡tan cierto como que el moÂralista de las islas Chinchas es de ellos!
Claire bajó la cabeza en silencio: estaba derroÂtada. Comprendà que su ignorancia la abrumaba. Me deleité inocentemente en su rubor, pero sin querer llevar la lección más lejos, me volvà hacia Césaire para tratar de cosas más serias que las «Letras» y la «Música».