La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Querida señora —repliqué galantemente— siempre he compartido los sentimientos que acaÂbáis de expresar, con los que me han parecido dignos de ello, e incluso es parte de mi carácter ponerme a disposición de una manera casi inÂconsciente, como decÃs, de las buenas naturalezas que encuentro en mi camino.
—¡Ah! ¿Realmente, doctor? —dijo ella.
—¡Sà —respond× realmente! Y mirad, a veces me ha sucedido que he trabado conocimiento con jóvenes que iban por la vida llenos de entusiasÂmo, con la risa, una franca risa en los labios, la expansión y la alegrÃa en el corazón!… ¡Ay! ¡Esos poetas!… ¡Qué de servicios les he podido hacer!
Me detuve un instante para saborear esos reÂcuerdos.
—¿Y bien? —murmuró Claire mirándome.
—Y bien —añadà yo con un tono paternal—, no sé cómo ha sucedido, pero he comprobado que, cuando me frecuentaron, perdieron sin darse cuenta la costumbre de reÃr e incluso de sonreÃr.
Al acabar yo esta frase, me pareció que Claire tuvo un escalofrÃo, ese escalofrÃo nervioso, indiÂcio de salud tras la comida y que las estúpidas personas vulgares denominan «la pequeña muerte».