La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —No —dijo Lenoir—, sabéis que el hombre se encuentra condenado, por la irrisoria insuficienÂcia de sus órganos, a un perpetuo error. El priÂmer microscopio que tuvimos bastó para probarÂnos que nuestros sentidos nos engañan y que no podemos ver las cosas tal como son. ¿Nos parece esta naturaleza grandiosa y «poética»?… Pero si nos fuera dado considerarla bajo su auténtico aspecto, donde todo se devora entre sÃ, es probaÂble que nos estremeciéramos de horror en vez de entusiasmo.
—¡Sea!… —exclamé—: ¡ya lo sabemos! Pero, para nosotros, amigo mÃo, lo real es relativo: atengámosnos a lo que vemos.
—Entonces —replicó Lenoir—, si lo real es deciÂdidamente lo que se ve, no me explico bien por
qué las alucinaciones de un loco no merecen el tÃtulo de realidades.
Me sentà acorralado; pero soy de los que no se acorrala impunemente, porque el miedo me hace penetrar en el muro.
—¡Esa es mi auténtica fe, querido Lenoir!… —dije después de un silencio.
Añadà con hipocresÃa, para quebrar cualquier metafÃsica:
—Lo mejor es ponerse de hinojos ante el CreaÂdor, sin tratar de penetrar el insoluble misterio de las cosas.