La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Amigo mÃo —le dije—, mi único y viejo comÂpañero de armas, ante todo tengo necesidad de la ayuda de vuestras luces en un punto de fisiologÃa que me intriga.
—¡Hable, Bonhomet, hable!… —murmuró LeÂnoir, evidentemente halagado porque un hombre como yo le pidiera sus «luces».
—En dos palabras, es esto: ¿han pensado los practicantes, que prestan sus servicios en los hosÂpitales de locos, en dosificar, en un grado aproximado, el grado de realidad que pueden tener las alucinaciones de sus clientes?
Con esta cuestión incongruente esperaba haÂcerle comprender el ridÃculo y el mal gusto de su propia pregunta.
—Antes de responderos —me dijo sin inmutarÂse— me gustarÃa conocer lo que entendéis por esa palabra: ¿realidad?
—Lo que veo, lo que siento, lo que toco —resÂpondà yo sonriendo compasivamente.