La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet «La filosofía ordena y no obedece.»
ARISTÓTELES
Encendimos cigarros y pasamos al salón.
Para que se pudiera gozar mejor de la vista de las olas que brillaban a lo lejos, por las vidrieras abiertas, Claire bajó la pantalla de la lámpara.
El cielo era de un negro caos con horribles nubes; un creciente de cobre y algunas estrellas constituían el aspecto de la noche: pero el sano olor del mar nos impregnaba los pulmones.
—Aquí estamos, en el teatro: esta noche dan El mar, gran ópera, música de Dios, murmuró la señora Lenoir.
—El hecho —repliqué yo sonriendo— es que si me atrevo a expresarme así, la marejada va a hacer un bajo «divino» con la armonía de nuestros pensamientos.
Me hundí en el canapé; la señora Lenoir se apoyó contra el balcón, medio vuelta hacia el vacío; el doctor se instaló en un sillón, frente a mí, clavando sus ojos singularmente claros y brillantes en lo más profundo de los míos, con una fijeza casi molesta.