Antes de Adán

Antes de Adán

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Estalló una carcajada entre la Horda, que desempeñaba desde lejos el papel de espectador. Al fin había uno que osaba plantar cara a Ojo Bermejo. Al oír esta aclamación que llenaba el aire, Ojo Bermejo se volvió con un gruñido hacia ellos y, enmudecieron enseguida. Entonces, envalentonado por la evidencia de su poder, irguió la cabeza, y con sus gruñidos, sus gesticulaciones y su rechinar de colmillos quiso intimidarme. Contraía fuertemente el cuero cabelludo sobre las cejas, erizando sus cabellos desde la frente hasta la coronilla, donde brotaban como una corona de espinas. Su aspecto era imponente, pero dominé al fin mi terror, y lo amenacé de nuevo con una piedra. Intentó avanzar; disparé la piedra y no di en el blanco. La segunda vez acerté por completo, alcanzándolo la piedra en el cuello. Ojo Bermejo, inesperadamente, se puso entonces fuera del alcance de mi vista, pero cuando desaparecía pude verle agarrándose sobre una roca saliente con una mano, mientras que con la otra se cogía la garganta. El palo se le cayó y fue rodando hasta abajo.

No vi a Ojo Bermejo, pero le oía atragantarse. La Horda guardaba un silencio de muerte. Esperé, parapetado en la boca de la caverna. El atragantamiento y la tos cesaron al fin, pero aun se oía, de cuando en cuando, cómo se esforzaba en aclarar la garganta. Más tarde comenzó a descender. Iba serenamente, deteniéndose a cada momento para estirar el cuello o palparlo con la mano.


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