Antes de AdĂĄn
Antes de AdĂĄn Primeramente, despuĂ©s de abandonar el rĂo hicimos nuestra jornada hacia el Oeste, hasta que llegamos a un arroyuelo que fluĂa a travĂ©s de tierras cenagosas. DespuĂ©s volvimos hacia el Norte, bordeando los pantanos y al cabo de varios dĂas, llegamos a lo que he llamado Lago Largo. Pasamos algĂșn tiempo en su extremo superior, donde encontramos abundancia de alimento; hasta que un dĂa vimos correr en la selva a los Hombres de los Ărboles. Eran feroces monos y nada mĂĄs y, sin embargo, no eran tan distintos de nosotros. MĂĄs velludos, es verdad; sus piernas mĂĄs nudosas y retorcidas, sus ojos mĂĄs chicos, su cuello mĂĄs grueso y corto, y la ventana de la nariz mĂĄs parecida a orificios cavados en una superficie. No tenĂan pelo en las manos, en el rostro, y en las plantas de los pies, y emitĂan voces similares a las nuestras, con significados parecidos. DespuĂ©s de todo, la Horda y, los Hombres de los Ărboles no eran tan diferentes.