Antes de Adán
Antes de Adán Hasta la primera noche que pasamos en la ribera Sur del río no descubrimos a los Hombres del Fuego. Deberían ser una partida de cazadores errantes que acampaban no muy lejos del árbol que Oreja Caída y yo habíamos elegido para pasar aquella noche. Al principio nos alarmaron las voces de estos Hombres; pero después, cuando llegaron las tinieblas espesas de la noche, nos sentimos atraídos por el fuego. Nos arrastramos cautelosamente, acercándonos, de árbol en árbol, hasta que encontramos un buen punto de observación de la escena.
El fuego ardía en un descampado, entre los árboles, cerca del río. Alrededor de la hoguera había una docena de Hombres del Fuego. Oreja Caída me agarró emocionadísimo: podía percibir el temblor de su mano. Miré más atentamente y vi al viejo cazador rugoso y gris que había lanzado a Diente Mellado de los árboles, tres años antes. Cuando se levantó para arrojar nueva leña al fuego, pude advertir que cojeaba con su mutilada pierna. Fuera lo que quiera, el caso es que la enfermedad de su pierna era permanente. Parecía más seco y rugoso que nunca y estaban completamente canosos sus cabellos.