Antes de Adán
Antes de Adán La irrupción de los Hombres del Fuego en los plantanales de las zanahorias habÃa de ser el comienzo del fin de la Horda, aunque nosotros lo ignorábamos. Los cazadores comenzaron a aparecer más frecuentemente cada vez, andando el tiempo. VenÃan en parejas o en grupos de a tres, se deslizaban arrastrándose sigilosamente por la selva, prestos sus alados dardos para aniquilar las distancias y para derribar a sus vÃctimas desde la copa de los árboles más altos, sin necesidad de treparlos. Los arcos y las flechas eran corno una extensión enorme de sus músculos, asà es que en realidad saltaban alturas inmensas y asesinaban a treinta metros de distancia y más aún. Esto les hacÃa mil veces más terribles que el mismo Diente de Sable. Además, eran muy astutos e inteligentes, poseÃan un lenguaje que les capacitaba para razonar, y por último, comprendÃan las ventajas de la cooperación.
Nosotros, los de la Horda, nos hicimos recelosos y desconfiados mientras andábamos por los bosques. Siempre Ãbamos con el ojo avizor, vigilantes y tÃmidos. Ya no eran los árboles el abrigo seguro donde confiarse. Ya no podÃa ser aquello de colgarse de las ramas y reÃrse de los animales carniceros enemigos que acechaban en el suelo. Los Hombres del Fuego eran carnÃvoros, cuyas garras y fauces se alargaban a más de treinta metros. No habÃa ninguna fiera tan temible entre las bestias de presa que invadÃan el Mundo primitivo.