Antes de Adán
Antes de Adán Una mañana, antes de que la Horda se dispersara por la selva, cundió el pánico entre los que habían ido a beber al río. Todos huimos a las cavernas. Teníamos entonces la costumbre de huir antes de investigar las causas de la fuga. Esperamos a la boca de las cavernas y observamos. Después de unos instantes, un hombre del Fuego subió cauteloso y comenzó a caminar por el llano. Era el anciano pequeñito y rugoso, el viejo cazador. Permaneció frente a nosotros unos momentos y nos contempló, observando nuestras cavernas y el muro del escarpado de arriba abajo. Descendió después por uno de los barrancos hacia los abrevaderos, volviendo a los pocos minutos por otra barrancada. Aún se detuvo a observarnos atenta y cuidadosamente durante un buen rato. Luego volvió sobre sus pasos y se fue renqueando selva adentro, dejándonos consternados y llamándonos unos a otros desde las cavernas con voz suplicante y dolorida.