Antes de Adán
Antes de Adán Aquello equivalÃa al fin del Mundo, al menos para nosotros. Huimos al último asilo de los árboles acogedores, para que allà nos cercaran y asesinaran, familia tras familia. Nuestros ojos no cesaban de ver tales horrores en tan aciago dÃa, y yo, por otra parte, sentÃa sed de contemplarlos. Dulce AlegrÃa y yo no permanecÃamos mucho tiempo en cada árbol, evitando de esta manera la posibilidad de que nos cercaran. Mas no habÃa lugar donde acogerse. Por todas partes brotaban Hombres del Fuego, ebrios de su tarea exterminadora. Los encontrábamos dondequiera que dirigiéramos nuestros pasos, y asà pudimos presenciar muchas de sus hazañas.
No recuerdo haber visto lo que le ocurriera a mi madre; pero sà haber contemplado a Chachalaca en su antiguo árbol, de donde cayó mortalmente herido atravesado por una flecha. Me horroriza pensar que sentà entonces un estremecimiento de alegrÃa, columpiándome gozoso en mi árbol. Antes de terminar esta parte de mi narración, quiero hablaros de Ojo Bermejo. Le encontraron en uno de los árboles próximos a los pantanos, en unión de su esposa y su hijo. Dulce AlegrÃa y yo nos detuvimos a contemplarle, deteniéndonos un momento en nuestra huÃda. Los Hombres del Fuego estaban demasiado atentos a su labor y no repararon en nosotros, que, por otra parte, nos resguardábamos medio ocultos entre la maleza por donde nos deslizábamos.