Antes de Adán
Antes de Adán Un grupo de Hombres del Fuego rodeaba al árbol y disparaban flechas, recogiéndolas cuando volvían a caer al suelo. Yo no podía distinguir a Ojo Bermejo pero le oía gruñir oculto entre las ramas del árbol. Poco después se apagaban sus gruñidos; debía haberse refugiado en algún hueco del tronco. Pero su esposa no consiguió alcanzar semejante abrigo y un dardo la hizo caer a tierra, al parecer gravemente herida, puesto que no se esforzó en escapar. Se arrastró hacia su hijo, cubriéndole protectora bajo su regazo adonde se asía apretadamente, hizo signos suplicantes prorrumpió en ruegos a los Hombres del Fuego. Éstos se agruparon a su alrededor y se burlaban de ella, lo mismo que Oreja Caída y yo nos habíamos reído del anciano que pertenecía a los Hombres de los Árboles. Así como nosotros le punzábamos y azuzábamos con ramitas y tallos secos, así también hacían los Hombres del Fuego con la mujer de Ojo Bermejo: la pinchaban con la punta de sus flechas. Pero la infeliz no quería luchar, y la broma resultaba aburrida para los cazadores No quería encolerizarse aquella mujer, que se limitaba a cubrir a su hijo indefenso y rogar lastimeramente. Uno de los Hombres del Fuego se acercó con una porra en la mano. Ella lo vio y lo comprendió todo; pero no hizo más que dirigirle voces suplicantes, hasta que recibió el duro golpe.