Antes de Adán
Antes de Adán Conservo el intenso recuerdo de unos grandes árboles que nos rodeaban; de sus ramas pendÃan filamentos de musgo gris y grandes lianas que se arrastraban en torno de ellos y se revolvÃan y entretejÃan por el aire. Debajo se extendÃa el barrizal, el barrizal blanducho que exhala burbujas de gases y palpita y suspira con interna agitación. Y en medio de todo esto, estamos una docena de los nuestros. Escuálidos y enfermos, los huesos se clarean bajo la piel tensa. No cantamos; no charlamos; no reÃmos. No podemos divertirnos con inocentes juegos. Nuestra alegrÃa ingenua y exuberante se ha desvanecido sin esperanza de renacer. Nuestros gritos son quejas, súplicas, lamentos; nos miramos lastimosamente y nos apiñamos temerosos. ParecÃa el abrazo de los supervivientes el dÃa del fin del Mundo.