Antes de Adán
Antes de Adán Se fueron inmediatamente. Dulce AlegrÃa quedó más aterrorizada que ninguno de nosotros. Pasó la noche inquieta, entre llantos y gemidos, y a la mañana siguiente cogió la niña entre sus brazos, y con agudos gritos y gestos me obligó a emprender una segunda huÃda. Ocho miembros, los únicos que quedaban de la antigua Horda, se quedaron en las cavernas. No habÃa esperanza para ellos. Aunque los Hombres del Fuego no volvieran a aproximarse, perecerÃan al poco tiempo bajo el influjo maligno del clima. La Horda no estaba constituida para vivir en las costas.
Viajamos hacia el Sur, bordeando el gran pantano, pero sin aventurarnos jamás por el interior. Atravesamos una hilera de montañas que descendÃan hacia la costa, y como no habÃa albergue para nosotros, ni árboles donde cobijarnos, huimos nuevamente hacia el Sur. Llegamos a orillas de un rÃo, muy familiar, al parecer, a Dulce AlegrÃa. Sin duda allà se habrÃa refugiado durante los cuatro años de ausencia de la Horda. Lo cruzamos sobre unos leños, y en la orilla opuesta, en la cumbre de un enorme acantilado, encontramos un nuevo hogar, una caverna bien defendida y oculta por completo a los ojos de cuantos miraran desde abajo.