Antes de Adán
Antes de Adán
El cambio de alimentación no nos era apropiado ni conveniente. Encontrábamos pocos vegetales y frutas escasas y habÃamos de comer necesariamente pescado. Abundaban las almejas, las ostras roqueñas y los grandes cangrejos marinos, que el mar arrojaba sobre las playas los dÃas tormentosos. También las algas marinas, que nos parecÃan apetitosas. Pero el cambio de régimen alimenticio nos producÃa continuos dolores de estómago y estábamos todos delgados y consumidos. Oreja CaÃda desapareció una mañana, cuando iba en busca de abalones. Uno se cerró, atrapándole los dedos, durante la marea baja, y dejándole sujeto. Al subir el oleaje, no pudo evadirse y pereció ahogado. Encontramos al siguiente dÃa su cuerpo exánime y nos sirvió de escarmiento y lección. Ninguno de nosotros volvió a quedar cogido en la concha cerrada de un abalone.
Dulce AlegrÃa y yo conseguimos sacar adelante a una hija de ambos. A lo menos durante algunos años; pero tengo el convencimiento de que no hubiera, sobrevivido mucho tiempo en aquel clima tan insano para nosotros. Y luego, un dÃa aparecieron otra vez los hombres del Fuego; no vinieron rÃo abajo sobre un rudo catamarán, sino en una gran canoa de tres remeros, uno de los cuales era el viejo y siniestro cazador. Tomaron tierra en nuestra playa y el viejo cazador anduvo examinando nuestras cavernas, renqueando todavÃa.