Antes de Adán
Antes de Adán El más común de los sueños de mi infancia era algo semejante a esto: me parecía que era yo muy pequeño y que yacía acurrucado en una especie de nido de ramillas y hojas. A veces estaba tendido sobre la espalda. Yacía largas horas en esta postura, contemplando el juego de la luz sobre mi cabeza y la agitación de las hojas al soplo del viento. Muchas veces, cuando el viento era fuerte, el nido se balanceaba.
Pero, mientras yacía en el nido, siempre me dominaba la sensación de estar sobre un tremendo espacio vacío. Nunca lo vi, ni nunca me asomé al borde del nido para verlo; pero temía a aquel espacio que acechaba debajo de mí, amenazándome siempre como si fuera el buche de algún monstruo devorador.
Soñé muy a menudo en mi infancia este sueño en que permanecía quieto, que era más bien una condición que una experiencia activa. Mas, de repente, entrarían en medio de este sueño formas extrañas y feroces acontecimientos, el trueno y el estallido de la tormenta, o bien panoramas no acostumbrados, que en nada se parecían a los que había visto despierto. El resultado de todo ello era la confusión y la pesadilla incomprensible, sin enlace ni lógica.