Antes de Adán

Antes de Adán

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Estando quieto, sin impulso, podía saltar horizontalmente seis metros de distancia. Era peludo horriblemente. Solíamos envanecernos de no serlo mucho; pero él estaba completamente cubierto de pelo en la parte superior o inferior de los brazos y aun en las mismas orejas. Únicamente las palmas de las manos, de los pies y la zona debajo de los párpados aparecían peladas. Horrorosamente feo, su boca feroz y rechinante y su enorme labio pendiente armonizaban con los terribles ojos.

Tal era Ojo Bermejo. Se arrastró cauteloso fuera de la caverna y descendió al suelo. No reparando en mí, comenzó a reconocer el lugar, inclinándose tanto hacia adelante desde la cintura, según caminaba, que a cada paso tocaba con los nudillos en el suelo, a fin de balancearse. Os digo que él sabía correr sobre las cuatro patas, cosa en la que todos los demás éramos muy torpes. Raros eran, además, los que entre nosotros andaban balanceándose sobre los nudillos. Esto sólo ocurría por atavismo, y Ojo Bermejo era el mayor de los atavismos.






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