Antes de Adán
Antes de Adán Verdadero monstruo en todos sus aspectos, su cuerpo gigante pesaría unas ciento setenta libras. Era el más corpulento de cuantos semejantes míos he visto. Ni entre los Hombres del Fuego, ni entre los Hombres de los Árboles, vi nunca nada tan gigantesco. Cuando a veces leo casualmente en los periódicos la descripción de nuestros modernos atletas y luchadores, me pregunto qué hubiera sido del mejor entre todos si se hubiera puesto frente a Ojo Bermejo.
Con las tenazas de sus dedos de hierro les hubiera arrancado un músculo de un solo tirón, o les hubiera separado un bíceps del resto del cuerpo. Con un revés o un leve puñetazo de su mano les hubiera machacado el cráneo como si fuese una cáscara de huevo.
Un golpe de sus terribles pies (o manos traseras) les hubiera destripado. De un retorcimiento les hubiera roto el cuello y con un simple chasquido de sus mandíbulas les hubiera atravesado al mismo tiempo la yugular y la columna vertebral.