Antes de Adán
Antes de Adán Lancé una exclamación para animar a todos y nuevamente las peñas se cubrieron de la Horda, que prorrumpÃa en gritos, y de nuevo las piedras rodaban más aprisa que antes. Diente de Sable estaba frenético de ira. Asaltó otra vez los riscos, y en una ocasión hasta llegó a las primeras cavernas de boca estrecha, pero no pudo forzar la entrada. Cada impulso era una nueva ola de cólera que brotaba en nosotros. Al principio nos retirábamos casi todos hacia el interior de las cavernas, pero algunos permanecÃan en sus puestos golpeándole con las piedras, hasta que terminamos por quedarnos todos fuera sosteniendo nuestras descargas.
Nunca se habÃa visto a una fiera tan poderosa tan completamente en ridÃculo. Su terrible orgullo estaba herido y burlado por la astucia de unos seres tan pequeños y débiles. Se quedó en el suelo Diente de Sable mirándonos furioso, gruñendo, restallando la cola y esquivando las piedras que llovÃan sobre él. En una ocasión lancé un pedrusco en el preciso momento en que levantaba la cabeza para mirar, y la piedra le cayó de pleno sobre la nariz. Reculó de un brinco rápido, las cuatro patas al aire, gruñendo a causa del dolor y la sorpresa.