Antes de Adán
Antes de Adán Cuando nos “quedábamos” alguno de nosotros, Diente Mellado corría hasta el extremo de las ramas más altas del árbol, a unos veinte metros del suelo, sin nada debajo que pudiera amortiguar la caída A unos seis metros por debajo y a más de cinco de la perpendicular, pendía una gruesa rama de otro árbol. Cuando le perseguíamos hasta las ramas altas, Diente Mellado, haciéndonos frente, comenzaba a sacudir la rama en que se hallaba, y esto, como es natural, nos hacía detenernos. Entonces se balanceaba, y cuando al fin íbamos a cogerle, se dejaba caer a impulsos de la oscilación de la rama, de la que se servía como un trapecio. Durante la caída, daba una voltereta en el aire para quedar de frente a otra rama donde había de asirse. Ésta se doblaba al golpe, y a veces hasta crujía amenazando romperse; pero no se quebró nunca, y siempre veíamos entre las hojas el rostro de Diente Mellado que nos hacía muecas de burla y de triunfo.