Antes de Adán
Antes de Adán
Al verle, lo comprendí todo perfectamente. Este era el terror del Nordeste que anunciaba el misterio del humo. Sin embargo, yo estaba sorprendido; no era ciertamente ningún monstruo terrible. Ojo Bermejo o cualquiera de nuestros más fuertes hombres hubieran sido un temible rival para él. Era viejo, además, arrugado por los años, y sus cabellos aparecían grises. Cojeaba penosamente de una pierna. No cabía duda de que podríamos escaparnos y trepar más deprisa que él. Indudablemente no lograría cogernos.
Pero llevaba en la mano algo que yo no había visto nunca: un arco y una flecha. Ambas cosas aún no significaban nada para mí. ¿Cómo podía comprender que la muerte nos acechaba en aquel pedazo de madera curva? Oreja Caída sí que lo sabía. Sin duda habría visto antes a los Hombres del Fuego y conocía algo de su manera de ser. El hombre del Fuego le miró, dando la vuelta alrededor del árbol. Oreja Caída dio también la vuelta sobre la bifurcación de las ramas, poniendo siempre el tronco entre él y el hombre del Fuego.