Antes de Adán

Antes de Adán

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Éste se volvió en dirección distinta repentinamente. Oreja Caída, sorprendido, también se volvió velozmente, pero no pudo ocultarse antes de que el hombre del Fuego hubiese tendido el arco. Vi cómo saltaba la flecha disparada, rozaba a Oreja Caída y se hincaba oblicuamente contra un ramón, cayendo después al suelo. Salté, bailando de alegría sobre la alta rama donde estaba encaramado. ¡Qué juego tan divertido! El hombre del Fuego le tiraba cosas a Oreja Caída, como nosotros cuando jugábamos.

Continuó un rato más el juego; pero Oreja Caída no se volvió a exponer. Entonces el hombre del Fuego miró hacia arriba. Yo me eché adelante, asomándome fuera de la rama horizontal, provocándole con mi media charla, ganoso de jugar con él. Deseaba ponerme de blanco a ver si me acertaba. Me miró, pero no se dio por aludido, fijando la atención en Diente Mellado, que aún se balanceaba ligera e involuntariamente en el extremo de la rama.

Saltó hacia el cielo la primera flecha. Diente Mellado dejó exhalar un gemido de miedo y agonía. El dardo había dado en el blanco. Esto cambiaba para mí el aspecto de la cuestión. Perdí inmediatamente las ganas de jugar y me recogí tembloroso detrás de las ramas. Dos flechas más pasaron rozando a Diente Mellado, silbando al deslizarse entre las hojas, y describiendo un arco en el aire cayeron después hacia la tierra.


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