Antes de Adán

Antes de Adán

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Aun quiso arrancarme la flecha, rasgando la carne, pero yo lo detuve enfurecido. Entonces se inclinó y comenzó a mordisquear la caña del dardo. Mientras lo hacía, sostenía firmemente la flecha entre sus manos para que no me lastimara la herida, en tanto que yo me apoyaba sobre él.

Muchas veces pienso en esta escena: los dos muchachos, en la infancia de la Horda, dominando el uno su terror y su egoísmo de huir, para permanecer a mi lado ofreciéndome su ayuda. Y entonces se levanta ante mis ojos todo lo que allí estaba latente, y veo la visión de Damón y Pythias, los mártires, la Cruz Roja, los guías que emprenden los heroísmos desesperados, el padre Damián, y Cristo mismo, y todos los grandes hombres de la Tierra, cuya fortaleza tiene sus huellas originarias en el lazo primitivo y rudimentario de Diente Mellado, Oreja Caída y otros ignorados habitantes del naciente Mundo.

Cuando Oreja Caída hubo triturado la caña del dardo, pudo separar la punta fácilmente y arrancar la flecha. Me levanté para proseguir nuestra huída; pero ahora fue él quien me detuvo. La herida me sangraba profusamente. Se habrían roto sin duda alguna de las venas menores.


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