Antes de Adán

Antes de Adán

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Mi sueño siguiente me representó la huída a través de la selva en compañía de Oreja Caída. Se habían desvanecido Diente Mellado, el hombre del Fuego y los árboles de la tragedia. Oreja Caída y yo, llenos de pánico y de recelo, huíamos entre los árboles. De pronto sentí en la mano derecha un dolor ardoroso. Un dardo me había atravesado la carne. La punta y la caña de la flecha del hombre del Fuego asomaban respectivamente a cada lado de la mano. No sólo la tirantez de la flecha me dolía intensamente, sino que impedía mis movimientos y me imposibilitaba para seguir a Oreja Caída.

Me detuve al fin, acurrucándome al abrigo de las ramas de un árbol. Oreja Caída siguió adelante. Le llamé ansiosamente, aún lo recuerdo, y él se detuvo para mirar hacia atrás. Entonces volvió hacia mí trepando por las ramas y examinando el dardo. Trató de arrancarlo, pero por una parte lo impedía la punta barbada y por la otra el extremo de la caña rodeada de plumas.

Permanecimos agazapados unos instantes; Oreja Caída, nervioso y con ansiedad de irse, miraba inquieto y temeroso hacia uno y otro lado; yo gimoteaba en voz baja. Oreja Caída ardía en deseos de huir y, sin embargo, permanecía a mi lado; sabía el peligro que le amenazaba y no quiso abandonarme a pesar del terror. Veo en su conducta la sombra precursora del altruismo y del compañerismo que han contribuido a que el hombre sea el más poderoso de todos los animales.


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