Antes de Adán
Antes de Adán Recuerdo muy bien el primer invierno que siguió a mi expulsión del hogar. Durante mis sueños he vuelto a padecer los sufrimientos de sed y los estremecimientos de frÃo que entonces nos acometÃan. Oreja CaÃda y yo nos sentábamos muy juntos, estrechándonos con brazos y piernas, amoratado el rostro y tiritando. Al amanecer era cuando me sentÃa más entumecido. En aquellas horas heladas dormÃamos poco, y esperábamos el despuntar del dÃa, ateridos y desamparados, para reconfortarnos a los rayos del Sol.
CrujÃa la escarcha bajo nuestros pies cuando salÃamos de la caverna. Una mañana descubrimos una capa de hielo sobre las aguas quietas en el remanso del abrevadero. La noticia se extendió por la Horda y todos nos preguntábamos qué pudiera ser aquello. El anciano Marrow-Bone, que era el más viejo de la Horda, no habÃa visto nunca nada semejante. Recuerdo la mirada interrogativa, perpleja y llorosa que brotó de sus ojos al examinar el hielo. Esa mirada llorosa resplandecÃa en nuestros ojos cuando no comprendÃamos algo o cuando sentÃamos el aguijón de algún vago e inexpresable deseo. También Ojo Bermejo vino a examinar el hielo. Llegaba aterido y se volvió a mirar hacia el Nordeste, como si quisiera relacionar a los Hombres del Fuego con este último hallazgo.