Aurora esplendida
Aurora esplendida 6
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presión en el brazo le había hecho reaccionar, rebelándose. No quería que ninguna mujer le dominase.
Favorito de las mujeres, no por ello les daba demasiada impor. tancia. Eran juguetes, parte de la distracción tras una temporada de dura lucha por la vida. Las aceptaba como aceptaba él whisky y el juego; por experiencia sabía que era más fácil alejarse de estas dos últimas cosas que de una mujer, si se dejaba prender en sus redes.
Era esclavo de sí mismo pero se rebelaba, asustado o furioso, ante la posibilidad de convertirse en esclavo de alguien. La dulce esclavitud del amor parecíale incomprensible. Los enamorados que él había visto le parecían locos, y la locura era una cosa que a su juicio, no valía la pena de analizar.
Pero la camaradería, la amistad, entre hombres era muy distinta al amor por una mujer: no había servidumbre, era parte del trabajo cotidiano, convenio leal entre quienes no se perseguían mutuamente, sino que compartían los riesgos y las penalidades de los caminos, ríos y montañas, en la persecución de la vida y de las riquezas. Hombres y mujeres se perseguían mutuamente; uno de los dos tenía que doblegar su voluntad ante la deI otro.
