Aurora esplendida
Aurora esplendida Daylight soltó la carga, de un brinco saltó al suelo y se diri. gió al mostrador del bar. -¡Venga!-gritó, arrojando su saco al pesador, quien metió en él oro por valor de cuatrocientos dólares, tomándolo de los sacos de los dos perdedores. -¡Aquí todo bicho viviente!-prosiguió Daylight. - ¡Pedid vuestro veneno favoritol ¡El ganador pagal "¡Esta es mi noche!-gritaba diez minutos después.-¡Soy el lobo solitario que ha visto pasar treinta inviernoal ¡Es mi cum. pleaños, mi día entre todos los días del año, y me siento capaz de tumbar de espaldas al primero que se presentel ¡Venid todosl ¡Venid todos, que os haré rodar por la nievel ¡Venid los novatos y los veteranos del Yukon, a ser bautizados!
Salieron todos en confuso tropel a la calle, dejando solos a los camareros y a los borrachos que cantaban.
Con una vaga idea de salvar su dignidad, MaeDonald se acercó a Daylight, tendiéndole una mano. -¡Cómo? ¡Quieres ser el primero!-rió Daylight tomándole la diestra.
- No, no-negó el otro precipitadamente.-Simplemente te felicito por tu cumpleaños.
Desde luego, puedes hacerme morder el polvo. ¡Qué probabilidad tengo contra un hombre que levanta novecientas libras?