Aurora esplendida
Aurora esplendida Así luchaba, abriéndose paso a través de las enormes dificultades. Su despacho se veía invadido de gentes de toda condición desde la mañana hasta la noche. Era una labor incesante en la que nadie podía sustituirle o reemplazarle. Y asi, día tras día, mientras el mundo entero de los negocios se tambaleaba y firma tras firma se venía al suelo. -!Todo va bien!-decía a Hegan cada mañana.
Y esa era la frase para con todos, excepto cuando estaba en plena lucha para imponer su voluntad a personas o cosas.
A las diez de la mañana tomaba el auto para recorrer los Bancos, llevando generalmente consigo los diez mil y pico de dólares ingresados el día antes por los tranvías y vapores para destinarlos al punto más débil de su dique financiero.