Aurora esplendida
Aurora esplendida 28
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pareciendo no haber existido. Eran un momento, un incidente, por el cual había pasado como por un muro de silencio, reapareciendo entre el gri, terío y la algazara del Tívoli.
Una ojeada al trineo con sus sacas de correspondencia fue nece- Baria para convencerse de la realidad de esos sesenta días y de la marcha de dos mil millas sobre el hielo.
Como en un sueño estrechó las magnos que le tendían. Sentía una grande exaltaciónLa vida era magnífica y digna da ser amada. Sentíase humano y cordial. Eran los suy los de su propia clase. Una inmensa ternura inundaba su corazón y le hubiera gustado poder estrechar las manos de todos a la vez, abra- zarlos a todos juntos, apretándolos contra su pecho en gigantesco abrazo.
Exhalando profundo suspiro, gritó: -¡El ganador paga, y yo soy el ganador! ¡Adelante, mamelutes y siwashes, elegid vuestro veneno! ¡Ahí tenéis vuestro correo de Dyea, directo de Salt Water, sin trompetazos! ¡Desatad las sacas y distribuid las cartas!
