Aventura
Aventura »Ese fue el dÃa en que comenzamos a mostrarnos verdaderamente rÃgidos. TenÃamos que tratar a los braceros con mano dura, o desistir, y ninguno de los dos nos resignábamos a esto último, ya que casi todo cuanto tenÃamos estaba invertido en el negocio. Era necesario que le diésemos a nuestra empresa un nuevo impulso, porque habÃamos llegado a un punto en el que se nos avecinaba la ruina o la catástrofe. TenÃamos que luchar con todas nuestras energÃas para salir a flote, porque nuestra plantación era considerada como la peor de toda la isla, y hasta hoy lo es, desde la perspectiva del trabajo realizado. No hemos logrado nunca atraer un solo blanco. A más de uno le hemos ofrecido la administración, pero nadie la ha aceptado. Y no por miedo, que no lo tienen, sino porque no les parece saludable. Al menos ese es el motivo que adujo el último que rechazó nuestra propuesta. De forma que tuvimos que gobernar y administrar nosotros dos.
—¿Y después de la muerte de Hugo, aún le quedaron a usted ganas para seguir afrontándolo todo solo? —preguntó Joan con lágrimas en los ojos.