Aventura
Aventura —No seré una molestia. Ya sabe que no suelo imponer mi presencia donde no se me quiere. No se apresure a decir que no he hecho más que molestarle desde que desembarqué; es usted demasiado caballeroso para decir algo semejante. Sin embargo, sabe perfectamente que me ha sido imposible partir, y debido a ello no he tenido otro remedio que quedarme. Pero no deseo ser socia de nadie. Compraré Pari-Sulay y pondré únicamente a diez hombres para ir roturando las tierras poco a poco. Además, compraré un queche viejo y sacaré una licencia de comercio. Yo misma iré a reclutar trabajadores a Malaita.
Se calló, esperando alguna protesta, y la encontró inmediatamente en los puños cerrados de Sheldon y en la expresión de sus ojos.
—Diga lo que quiere decir —insistió Joan—. Ya sabe que necesito sus consejos. Lo digo en serio.
—Muy bien, entonces. Si yo fuese mujer, en este mismo instante le dirÃa que sus intenciones son demenciales e irrealizables —sentenció.
—Tanto mejor —contestó Joan—, porque de esa forma me lo puede usted decir todo, desde el momento en que le pido que me trate como a un hombre. No he venido hasta estas islas para lucir mis faldas de mujer. Le pido que se olvide por un instante de que yo soy algo diferente que un hombre que debe convivir con otro.