Aventura
Aventura De un salto, Joan se colocó a su lado, y sin llegar a salir le dio una bofetada tan contundente que el negro trastabilló y estuvo a punto de caer. Al recobrarse del golpe, se lanzó contra la puerta para abrirla, mientras los demás caían sobre la empalizada como una ola. Joan dominó la situación inmediatamente. Su revólver se encontraba en la pared de la cabaña. Estaba desarmada. Pero aunque sabía que al primer grito acudirían los marineros, y que estos resolverían el conflicto, se negó a pedir ayuda. Lanzó un silbido, y gritó: «¡Satanás!». Sabía que estaba atado, pero también sabía que los negros no esperarían para comprobarlo. En efecto, chillando como diablos, desaparecieron inmediatamente en la selva, seguidos a regañadientes por Gogoomy, mientras ella regresaba al bungalow, riendo al principio, pero a punto de llorar después al pensar en lo que acababa de suceder. Había pasado una noche entera al lado del enfermo, que finalmente había muerto y, a pesar de ello, aparecía el hermano para exigirle un rescate por su vida.
—¡Malditas bestias desagradecidas! —masculló, mientras meditaba si contarle o no a Sheldon aquel episodio.