Aventura
Aventura Los negros soltaron allí mismo sus rifles y flechas aterrorizados, y treparon a los altos cocoteros en busca de protección. El perro parecía que se multiplicara. Nunca se le había presentado la ocasión de acometer contra tanto negro en fuga, y como un rayo excitado ante la visión de tantas pantorrillas lanzaba dentelladas a diestro y siniestro, clavando sus colmillos en los tobillos de los que huían, derribando y rasgando hasta que los pies del más torpe quedaron definitivamente fuera de su alcance. Todos habían logrado encaramarse, excepto Telepasse, quien estaba demasiado gordo y demasiado viejo para correr, y permaneció inmóvil y tumbado en el mismo lugar en que había caído. Pero Satanás tenía un corazón demasiado bueno como para ensañarse con aquel vencido, de forma que le perdonó y se fue corriendo de un árbol a otro, saltando y ladrando a los que estaban más cerca del suelo.
—Creo que le hacen falta algunas lecciones sobre la forma de colocar la mecha —le dijo Sheldon a la joven secamente.
Joan le lanzó una mirada burlona.
—¡Pero si no había dinamita! —exclamó—. Y además no sería suficiente para un grupo tan numeroso. Es solo una botella de ácido clorhídrico.
Sheldon retrocedió al ver que la muchacha se disponía a llamar a los marineros con aquel silbido imperioso y estridente que a él le perforaba los oídos.